“Lo Paya”, Editorial Lumen, 2013

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“Lo Paya”, Editorial Lumen, 2013

Libro “Lo Paya”, Editorial Lumen, 2013

Tarde de lluvia, lindo para volvernos a encontrar.

Con el mate por prepararse surgen estigmas burgueses que uno siempre lleva: soy bastante caprichoso respecto de la yerba, pero puedo tomar mate con cualquiera siempre que la cebada sea grupal (como buen esquizoanalista, mínimo dos). La pava va haciendo lo suyo, me detengo un poco “a ver qué pasa” en el face. Lo primero que me llama la atención, en esta fragilidad de montañas, es la cantidad de Payamédicos (la gran mayoría), Payasos (muy pocos) y gente con nariz de payaso (la gran mayoría de la mitad menos uno). Mi página de inicio del face está llena de puntos rojos. ME GUSTA.

Como al tipo que se le humedece el techo después de cada vecina sentada en el inodoro por más de veinte minutos, por esa salsa que tanto la abuela prepara desde que descubrió el ají rumano cuando caminando por la calle casi la pisa un colectivo y cayó en la despensa que nunca había sido siquiera vislumbrada en esa calle que corta esas dos; el tema con esa calle es que jamás vienen a arreglar el único farol que ostenta dado que fue nombrada hace poco patrimonio cultural e imposible de cambiar y de agregar, a partir del último paso que Gardel dio en plena cuadra. Que Argentina, que Uruguay, que Francia, al tango se lo baila de a dos sin lugar para triangularidades edípicas ni para la opinión de la mujer, ¡qué lo parió! La gente sigue comprando a la mina de sacones petardistas en su programa de televisión de tres meses por año que es lo máximo que puede durar un programa sin zapping; vuelve el control para el que también toma el volante del auto y se hace cargo del falo de cambios; la piba va en busca de su verdadero talle después de la fallida reunión de cumpleaños organizada por su tía de sorpresa sólo porque de sorpresa su tía estaría. Aún no se puso de moda el grito “¡qué tía de putas!” pero ya se pondrá, y si no se pagará, que vendría a ser lo que en algún momento debería hacer esa señora para que deje de humedecerle el techo al vecino cada vez que quiera ir a cagar.

En occidente el problema es un problema monetario, en general.

El problema monetario trae consigo apareadas distintas formas de propagarse entre quienes lo ejercen, estableciendo clases; clase de clases. La gente “compra”, y los que estudian sociales son zurdos y los de visera son pungas.

Estoy pensando seriamente dejarme la barba candado, hacerme un piercing en la nariz, ponerme chalupas, flequillo para el costado, guitarra fileteada colgando desde la funda negra con parches y etiquetas de marcas de cualquier cosa de cualquier ciudad menos de la capital, colgarme un símbolo de la paz, unas cuantas rastas que sostengan mi ipod y mi ipad mientras suelta alguna cumbia remixada con una cantante pop de habla inglesa diciendo alguna palabra en castellano, calzarme una remera argenta de argentina con la cara del “che”, dejar a mano la riñonera jamaiquina abierta con los porta-rollos de cámaras no digitales para las hebillas “invisibles” y la yerba, gorrita a favor del vegetarianismo, dos gatitos que mueven la mano derecha recién traídos del barrio chino, un morral con un anotador y un tercio de lápiz negro chupado en la punta y algunos libros (aún no decidí cuáles): no puede faltar el de Claudio que te ayuda, la Cuba electrolítica, poemas si son de mártires mejor. Y con todo eso zambullirme en tu correntada de incógnita… en el agua todos pesamos lo mismo.

Arroyo… estoy turbulento, en especial lento. Me incomoda la facilidad que tienen algunos por echar barro en el viento. Los montañistas no me molestan tanto… siempre están mucho más lejos (el otro día uno me dijo que me sacó como 4 horas). Cuando uno se mueve la cosa cambia. Habría que pensar cuando estamos caminando, fértil ese pensamiento, y no el que compramos, y a veces somos tan giles que hasta pagamos el “boca a boca”.

Hace muy poco, mientras repasaba algunos ángulos que apunté para cuando tenga otra vez ganas de escribir, me llega un mensaje tipo mail, pero de mail de red social:

“¿Vos sos el del libro?”
(Acompañaba esta pregunta una foto de ella con una nariz roja y la tapa de “En Clownpañía” en primer plano).

Conozco a un grosso de la psiquiatría infanto-juvenil, esquizoanalista, un grosso de la música, músico (uno de verdad) con impulsos creativos acerca del abordaje escénico-terapéutico a partir fundamentalmente de “lo musical”, lo que vibra en nuestra potencia. Un día este Gran Cosmos Musical llamado Kay (quienes lo amamos compartimos la forma de llamarlo tal cual Martín Kesselman apodó: “Kay Machine”) junto a varios músicos, dos Payasas (Bambina y Felipina), el Obe y Victoria, desfilaron desde la calle San Martín del centro porteño hasta la avenida Corrientes en pleno vuelo rutínico de sábado nocturno, despertando improvisadas notas y encuentros musicales, con la gente de la calle, los puesteros, los manteros, el paso cebra, los niños, los adultos, las hojas de los árboles que caían a merced de la pasión rizomática. Ritornelos de calle. Nuevas aproximaciones entre nosotros, tan nuevas que cada vez que se repetían eran nuevas. Lo recuerdo a Kay Machine dueño de su propia afro-américa rítmica y anti-rítmica entre pañuelos y banderas trans-nacionales, lo recuerdo en Sol sostenido. Las modulaciones que por allí surgían, los tempos, las cadencias… despertando “nuevas formas de” transitar aquello que se les hacía rutina, macro-rutina. Ese día Kay inventó notas. De eso no leí nada aún en ningún lado…

También conozco a un uruguayo, psiquiatra, esquizoanalista hasta las pelotas. Gran experimentador de la filosofía, la teatralidad y la escritura.

-Su nombre es Raúl Sintes y va a estar dando una charla acerca de Spinoza, Leibniz… de Deleuze…

(pausa)

-Te digo que además es un grosso… fundó el Teatro de la Multiplicación, es dramaturgo y…

(pausa)

-En la puerta hay dos libros suyos.

(se levanta, compra los libros, va a la charla)

¿Qué es lo que tienen los libros? Es una maravillosísima obra, es cierto. Pero… ¿qué tienen que despiertan tanto respeto, admiración y valor en la gente?

Sea cual sea la librería (comercial, más “under”, más delicada, menos) está llenísima de libros, de obras. Hay libros por doquier. Y uno pone un nuevo título allí, uno de muchísimos y la gente lo ubica en un plano de importancia, de excelencia que otras obras, que otros proyectos, que otros impulsos, no.

Desde mi corazón, corazón “lo paya” surgió la obra: “A medio abrir”. Por más que uno siga en la lucha micro-molecular el pasto es verde, el vino es tinto, es la playa o la montaña, y si la escribiste y dirigiste “es tu obra, Tito”. ¡Pum! La gente compra. Supongámosla “mía” a la obra, para adentrarnos un poco en la cosa. Desde el atestamiento literario en cada librería (inconmensurablemente imposible la comparación en cantidad con las obras teatrales, que como los libros también las hay malísimas, malas, buenas y la excelencia de la Teatralidad), sabiendo que surgen títulos nuevos por minuto como para hacer dulce de leche:

¿Dónde está la “valorización” vox populi al creador de una obra de teatro?, ¡¿dónde?!

“Ah, che… te felicito… ¿cuándo estrenan?”

En Argentina, ese pulpo… digo, esa pulpa, perdón… ¡esta culpa! existe la Feria del Libro, gran prestigiosa gran. También es cierto que existen numerosos rituales de premiación en relación al Teatro, pero la feria es la feria… De todas formas no quiero anclar aquí, sigo. Tengo un amigo (otro más) re argento…

-¿Sabés que nominaron a “mi” obra para participar en el Festival Internacional de Teatro de Roxkjsudié? Profundización dramatúrgica y neo-sensibilidad, despertares. Como una nueva forma de la Teatralidad. Allá… entre los Apeninos y las trenzas de diamantes…

-(pausa)

-Che, viste que saqué un libro… “Cómo vaciar la fosa nasal derecha de un saque, sin sangrar y con uñas oxidadas.”

-No me jodas… ¿En serio? ¿Me lo firmás?

El libro escrito se ha transformado en el “mi´jo el dotor”. Yo soy médico en pleno devenir creativo de la salud, pero de ninguna manera soy escritor. Sí soy teatrista, sí puedo llegar a creerme algún día director de una obra de teatro, de un grupo teatral.

A mí no me lean, escuchenmé, sientanmé.

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